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diario hace 7 años.
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diariosaid |
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diariosaidRocío Jurado Déjala Correr |
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diariosaidAntoine de Saint-Exupéry, el autor de El Principito, fue un aviador y escritor que nació en Lyon, Francia, en 1900 y desapareció en una misión aérea en 1944. En realidad, nunca se supo que ocurrió con él. Pero su obra más famosa y por la que ha trascendido es El Principito, un cuento largo que ha sido traducido a casi todos los idiomas desde 1943, año en que se publicó por primera vez en francés. Un día vi ponerse el sol 43 veces !!!En sus páginas se muestran en forma sencilla los valores más arraigados y esenciales del ser humano: solidaridad, bondad, entereza, tenacidad, compañerismo y entusiasmo por el conocimiento. Es un símbolo de la búsqueda permanente del hombre, de los principios que enriquecen el espíritu y le dan paz infinita. |
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diariosaidAhora hace ya seis años de esto. Jamás he contado esta historia y los compañeros que me vuelven a ver se alegran de encontrarme vivo. Estaba triste, pero yo les decía: “Es el cansancio”. Ahora me he consolado un poco. Es decir… no del todo. Pero sé que verdaderamente volvió a su planeta, pues, al nacer el día, no encontré su cuerpo. Y no era un cuerpo tan pesado… Y por la noche me gusta oír las estrellas. Son como quinientos millones de cascabeles… Pero sucede algo extraordinario. Al bozal que dibujé para el principito se me olvidó añadirle la correa de cuero; no habrá podido atárselo al cordero. Entonces me pregunto: “¿Qué habrá sucedido en su planeta? Quizá el cordero se ha comido la flor…” A veces me digo: “¡Seguro que no! El príncipito cubre la flor con su globo de vidrio todas las noches y vigila bien a su cordero”. Entonces me siento dichoso y todas las estrellas ríen dulcemente. Pero otras veces pienso: “Alguna que otra vez se distrae uno y eso basta. Si una noche ha olvidado poner el globo de vidrio o el cordero ha salido sin hacer ruido, durante la noche…”. Y entonces los cascabeles se convierten en lágrimas… Y ahí está el gran misterio. Para vosotros que también amáis al principito, como para mí, nada en el universo sigue siendo igual si en alguna parte, quien sabe dónde, un cordero desconocido se ha comido o no se ha comido una rosa… Pero mirad al cielo y preguntad: el cordero ¿se ha comido la flor? Y veréis cómo todo cambia… ¡Ninguna persona mayor comprenderá jamás que esto sea verdaderamente importante! Este es para mí el paisaje más hermoso y el más triste del mundo. Es el mismo paisaje de la página anterior que he dibujado una vez más para que lo vean bien. Fue aquí donde el principito apareció sobre la Tierra, desapareciendo luego. Mirad atentamente este paisaje para que sepáis reconocerlo, si viajáis algún día por el África, en el desierto. Si por casualidad llegáis a pasar por allí, os suplico, no os apresuréis; esperad un momento, exactamente debajo de la estrella. Si entonces un niño llega hacia vosotros, si este niño ríe y tiene cabellos de oro y nunca responde a vuestras preguntas, adivinaréis en seguida quién es. ¡Sed amables entonces! No me dejéis tan triste. Escribidme enseguida, decidme que el principito ha vuelto… |
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diariosaid¿No es cierto -le interrumpí- que toda esta historia de serpientes, de citas y de estrellas es tan sólo una pesadilla? Pero el principito no respondió a mi pregunta y dijo: -Lo más importante nunca se ve… Y rió una vez más. -¡Ah, hombrecito, hombrecito, cómo me gusta oír tu risa! Y rió nuevamente. -Cuando te hayas consolado (siempre se consuela uno) estarás contento de haberme conocido. Serás mi amigo y tendrás ganas de reír conmigo. Algunas veces abrirás tu ventana sólo por placer y tus amigos quedarán asombrados de verte reír mirando al cielo. Tú les explicarás: “Las estrellas me hacen reír siempre”. Ellos te creerán loco. Y yo te habré jugado una mala pasada… Y se rió otra vez. -Será como si en vez de estrellas, te hubiese dado multitud de cascabelitos que saben reír… Una vez más dejó oír su risa y luego se puso serio. -Esta noche ¿sabes? no vengas… Pero estaba preocupado. -Te digo esto… también por la serpiente. No debe morderte… Las serpientes son malas. Pueden morder por placer… Pero algo lo tranquilizó. -Bien es verdad que no tienen veneno para la segunda mordedura… Aquella noche no lo vi ponerse en camino. Cuando le alcancé marchaba con paso rápido y decidido y me dijo solamente: -¡Ah, estás ahí! Me cogió de la mano y todavía se atormentó: -Has hecho mal. Tendrás pena. Parecerá que estoy muerto, pero no es verdad. Yo me callaba. -¿Comprendes? Es demasiado lejos. No puedo llevar mi cuerpo allí. Es demasiado pesado. Seguí callado. -Será como una corteza vieja que se abandona. No son tristes las viejas cortezas… Yo me callaba. El principito perdió un poco de ánimo. Pero hizo un esfuerzo y dijo: -Será agradable ¿sabes? Yo miraré también las estrellas. Todas serán pozos con roldana enmohecida. Todas las estrellas me darán de beber. Yo callaba. -¡Será tan divertido! Tú tendrás quinientos millones de cascabeles y yo quinientos millones de fuentes… El principito se calló también por que lloraba. -Es allí; déjame ir solo. Se sentó porque tenía miedo. Dijo aún: -¿Sabes?… mi flor… soy responsable… ¡y ella es tan débil y tan inocente! Sólo tiene cuatro espinas insignificantes para defenderse contra todo el mundo… Me senté, ya no podía mantenerme en pie. -Bien… eso es todo… Vaciló todavía un instante, luego se levantó y dio un paso. Yo no pude moverme. Un relámpago amarillo centelleó en su tobillo. Quedó un instante inmóvil, sin exhalar un grito. Luego cayó lentamente como cae un árbol, sin hacer el menor ruido en la arena. |
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diariosaidAl lado del pozo había una ruina de un viejo muro de piedras. Cuando volví de mi trabajo al día siguiente por la tarde, vi desde lejos al principito sentado en lo alto con las piernas colgando. Lo oí que hablaba. -¿No te acuerdas? ¡No es aquí con exactitud! Alguien le respondió sin duda, porque él replicó: -¡Sí, sí; es el día, pero no es este el lugar! Proseguí mi marcha hacia el muro, pero no veía ni oía a nadie. Y sin embargo, el principito replicó de nuevo. -¡Claro! Ya verás dónde comienza mi huella en la arena. No tienes más que esperarme, que allí estaré yo esta noche. Yo estaba a veinte metros y continuaba sin distinguir nada. El principito, después de un silencio, dijo aún: -¿Tienes un buen veneno? ¿Estás segura de no hacerme sufrir mucho? Me detuve con el corazón oprimido, siempre sin comprender. -¡Ahora vete -dijo el principito-, quiero volver a bajarme! Dirigí la mirada hacia el pie del muro e instintivamente di un brinco. Una serpiente de esas amarillas que matan a una persona en menos de treinta segundos, se erguía en dirección al principito. Echando mano al bolsillo para sacar mi revólver, apreté el paso, pero, al ruido que hice, la serpiente se dejó deslizar suavemente por la arena como un surtidor que muere, y, sin apresurarse demasiado, se escurrió entre las piedras con un ligero ruido metálico. Llegué junto al muro a tiempo de recibir en mis brazos a mi principito, que estaba blanco como la nieve. -¿Pero qué historia es ésta? ¿De charla también con las serpientes? Le quité su eterna bufanda de oro, le humedecí las sienes y le di de beber, sin atreverme a hacerle pregunta alguna. Me miró gravemente rodeándome el cuello con sus brazos. Sentí latir su corazón, como el de un pajarillo que muere a tiros de carabina. -Me alegra -dijo el principito- que hayas encontrado lo que faltaba a tu máquina. Así podrás volver a tu tierra… Precisamente venía a comunicarle que, a pesar de que no lo esperaba, había logrado terminar mi trabajo. No respondió a mi pregunta, sino que añadió: -También yo vuelvo hoy a mi planeta… Luego, con melancolía: -Es mucho más lejos… y más difícil… Me daba cuenta de que algo extraordinario pasaba en aquellos momentos. Estreché al principito entre mis brazos como sí fuera un niño pequeño, y no obstante, me pareció que descendía en picada hacia un abismo sin que fuera posible hacer nada para retenerlo. Su mirada, seria, estaba perdida en la lejanía. -Tengo tu cordero y la caja para el cordero. Y tengo también el bozal. Y sonreía melancólicamente. Esperé un buen rato. Sentía que volvía a entrar en calor poco a poco: -Has tenido miedo, hombrecito… Lo había tenido, sin duda, pero sonrió con dulzura: -Esta noche voy a tener más miedo… Me quedé de nuevo helado por un sentimiento de algo irreparable. Comprendí que no podía soportar la idea de no volver a oír nunca más su risa. Era para mí como una fuente en el desierto. -Hombrecito, quiero oír otra vez tu risa… Pero él me dijo: -Esta noche hará un año. Mi estrella se encontrará precisamente encima del lugar donde caí el año pasado… |
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diariosaid-Los hombres -dijo el principito- se meten en los rápidos pero no saben dónde van ni lo que quieren. . . Entonces se agitan y dan vueltas… Y añadió: -¡No vale la pena!… El pozo que habíamos encontrado no se parecía en nada a los pozos saharianos. Estos pozos son simples agujeros que se abren en la arena. El que teníamos ante nosotros parecía el pozo de un pueblo; pero por allí no había ningún pueblo y me parecía estar soñando. -¡Es extraño! -le dije al principito-. Todo está a punto: la roldana, el balde y la cuerda… Se rió y tocó la cuerda; hizo mover la roldana. Y la roldana gimió como una vieja veleta cuando el viento ha dormido mucho. -¿Oyes? -dijo el principito-. Hemos despertado al pozo y canta. No quería que el principito hiciera el menor esfuerzo y le dije: -Déjame a mí, es demasiado pesado para ti. Lentamente subí el cubo hasta el brocal donde lo dejé bien seguro. En mis oídos sonaba aún el canto de la roldana y veía temblar al sol en el agua agitada. -Tengo sed de esta agua -dijo el principito-, dame de beber… ¡Comprendí entonces lo que él había buscado! Levanté el balde hasta sus labios y el principito bebió con los ojos cerrados. Todo era bello como una fiesta. Aquella agua era algo más que un alimento. Había nacido del caminar bajo las estrellas, del canto de la roldana, del esfuerzo de mis brazos. Era como un regalo para el corazón. Cuando yo era niño, las luces del árbol de Navidad, la música de la misa de medianoche, la dulzura de las sonrisas, daban su resplandor a mi regalo de Navidad. -Los hombres de tu tierra -dijo el principito- cultivan cinco mil rosas en un jardín y no encuentran lo que buscan. Yo había bebido y me encontraba bien. La arena, al alba, era color de miel, del que gozaba hasta sentirme dichoso. ¿Por qué había de sentirme triste? -Es necesario que cumplas tu promesa -dijo dulcemente el principito que nuevamente se había sentado junto a mi. Saqué del bolsillo mis esbozos de dibujo. El principito los miró y dijo riendo: -Tus baobabs parecen repollos… Y volvió a reír. -Eres injusto, muchachito; yo no sabía dibujar más que boas cerradas y boas abiertas. Dibujé, pues, un bozal. Y sentí el corazón oprimido cuando se lo di. Pero no me respondió y me dijo: -¿Sabes? -me dijo-. Mañana hace un año de mi caída en la Tierra… Y después de un silencio, añadió: -Caí muy cerca de aquí… El principito se sonrojó y nuevamente, sin comprender por qué, experimenté una extraña tristeza. Sin embargo, se me ocurrió preguntar: -Entonces no te encontré por azar hace ocho días, cuando paseabas por estos lugares, a mil millas de distancia del lugar habitado más próximo. ¿Es que volvías al punto de tu caída? El principito enrojeció nuevamente. Y añadí vacilante. -¿Tal vez por el aniversario? El principito se ruborizó una vez más. Aunque nunca respondía a las preguntas, su rubor significaba una respuesta afirmativa. -¡Ah! -le dije- tengo miedo. Pero él me respondió: -Debes trabajar ahora. Debes volver junto a tu máquina. Te espero aquí. Vuelve mañana por la tarde. Pero yo no estaba tranquilo y me acordaba del zorro. Si uno se deja domesticar, corre el riesgo de llorar un poco… |
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diariosaidEra el octavo día de mi avería en el desierto y había escuchado la historia del comerciante bebiendo la última gota de mi provisión de agua. -¡Ah -le dije al principito-, son muy bonitos tus cuentos, pero yo no he reparado mi avión, no tengo nada para beber y yo también sería feliz si pudiera caminar muy suavemente hacia una fuente! No comprendió mi razonamiento y replicó: -Es bueno haber tenido un amigo, aún si vamos a morir. Yo estoy muy contento de haber tenido un amigo zorro. “No mide el peligro -me dije- Nunca tiene hambre ni sed. Un poco de sol le basta…” El principito me miró y respondió a mi pensamiento: -Tengo sed también… vamos a buscar un pozo… Tuve un gesto de cansancio; es absurdo buscar un pozo, al azar, en la inmensidad del desierto. Sin embargo, nos pusimos en marcha. Después de dos horas de caminar en silencio, cayó la noche y las estrellas comenzaron a brillar. Yo las veía como en sueño, pues a causa de la sed tenía un poco de fiebre. Las palabras del principito danzaban en mi mente. -¿También tú tienes sed? -le pregunté. Pero no respondió a mi pregunta, diciéndome simplemente: -El agua puede ser buena también para el corazón… No comprendí sus palabras, pero me callé; sabía muy bien que no había que interrogarlo. El principito estaba cansado y se sentó; yo me senté a su lado y después de un silencio me dijo: -Las estrellas son hermosas, por una flor que no se ve… Respondí “seguramente” y miré sin hablar los pliegues que la arena formaba bajo la luna. -El desierto es bello -añadió el principito. Era verdad; siempre me ha gustado el desierto. Puede uno sentarse en una duna, nada se ve, nada se oye y sin embargo, algo resplandece en el silencio… -Lo que más embellece al desierto -dijo el principito- es el pozo que oculta en algún sitio… Me quedé sorprendido al comprender súbitamente ese misterioso resplandor de la arena. Cuando yo era niño vivía en una casa antigua en la que, según la leyenda, había un tesoro escondido. Sin duda que nadie supo jamás descubrirlo y quizás nadie lo buscó, pero parecía toda encantada por ese tesoro. Mi casa ocultaba un secreto en el fondo de su corazón… -Sí -le dije al principito- ya se trate de la casa, de las estrellas o del desierto, lo que les embellece es invisible. Como el principito se dormía, lo tomé en mis brazos y me puse nuevamente en camino. Me sentía emocionado llevando aquel frágil tesoro, y me parecía que nada más frágil había sobre la Tierra. Miraba a la luz de la luna aquella frente pálida, aquellos ojos cerrados, los cabellos agitados por el viento y me decía : “lo que veo es sólo la corteza; lo más importante es invisible… ” Como sus labios entreabiertos esbozaron una sonrisa, me dije: “Lo que más me emociona de este principito dormido es su fidelidad a una flor, es la imagen de la rosa que resplandece en él como la llama de una lámpara, incluso cuando duerme… ” Y lo sentí más frágil aún. Pensaba que a las lámparas hay que protegerlas: una racha de viento puede apagarlas… Continué caminando y al rayar el alba descubrí el pozo. |
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diariosaidMägo de Oz – Hoy toca ser feliz (video clip) (videoclip oficial) |
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diariosaidMiré, pues, aquella aparición con los ojos redondos de admiración. No hay que olvidar que me Dibujé un cordero. Lo miró atentamente y dijo: —¡No! Este está ya muy enfermo. Haz otro. |
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diariosaidA lo largo de mi vida he tenido multitud de contactos con multitud de gente seria. Viví mucho con II |
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diariosaidEL PRINCIPITO A LEON WERTH I |
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