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MADAM

said

»Hasta que un hermoso día, «Aquello» se vuelve hacia Bernadette y dice:
»— Soy la Inmaculada Concepción.
»Satisfecha, la niña va corriendo a contárselo al párroco.
»— No puede ser —dice él—. Nadie puede ser árbol y fruto al mismo tiempo, hija mía. Ve allí y échale agua bendita.
»Para el cura, sólo Dios puede existir desde el principio, y Dios, como todo indica, es hombre.
Él hace una larga pausa.
— Bernadette echa agua bendita en «Aquello». La Aparición sonríe con ternura, nada más.
»El día 16 de julio, la mujer aparece por última vez. Poco después, Bernadette entra en un convento, sin saber que había cambiado por completo el destino de aquella pequeña aldea al lado de la gruta. De la fuente sigue brotando agua, y los milagros se suceden.
»La historia recorre primero Francia, y luego el mundo entero. La ciudad crece y se transforma. Los comerciantes llegan y empiezan a ocupar el lugar. Se abren hoteles. Bernadette muere y es enterrada lejos de allí, sin saber nada de lo que pasa.
»Algunas personas, para poner a la Iglesia en dificultades, ya que a esas alturas el Vaticano admite las apariciones, comienzan a inventar milagros falsos, que luego son desenmascarados. La Iglesia reacciona con rigor: a partir de determinada fecha, sólo acepta como milagros los fenómenos que son sometidos a una serie de rigurosos exámenes realizados por juntas médicas y científicas.
»Pero el agua sigue brotando, y continúan los milagros.
ESTO SIGUE DE LA PAG,2ª

11 febrero, 2010 at 00:36
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diario

said

»La niña que se llamaba Bernadette, no tenía la menor idea de lo que estaba viendo. Se refería a la señora como «Aquello», y sus padres, acongojados, habían ido a buscar socorro en el cura de la aldea. El cura sugirió que, en la próxima aparición, la niña preguntase el nombre de aquella mujer.
»Bernadette hizo lo que el cura le mandó, pero la respuesta consistió apenas en una sonrisa. «Aquello» apareció en total dieciocho veces, la mayoría de ellas sin decir nada. En una de esas veces, pidió a la niña que besase la tierra. Sin entender, Bernadette hizo lo que «Aquello» le mandaba. Un día pidió que la niña cavase un agujero en el suelo de la gruta. Bernadette obedeció, y al instante brotó un poco de agua lodosa, pues guardaban allí cerdos.
»— Bebe esta agua —dijo la señora.
»El agua está tan sucia que Bernadette la derrama tres veces, sin coraje para llevársela a la boca. Pero, aunque con asco, termina obedeciendo. En el sitio donde ha cavado, empieza a brotar más agua. Un hombre ciego de un ojo se pasa unas gotas por la cara, y recupera la visión. Una mujer, desesperada porque su hijo recién nacido se está muriendo, sumerge al niño en la fuente, un día en que la temperatura es de bajo cero. El niño se cura.
»Poco a poco, la noticia se extiende, y empiezan a acudir al lugar millares de personas. La niña sigue insistiendo en saber el nombre de la señora, pero ella apenas sonríe.

10 febrero, 2010 at 10:46
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diario

said

Ahora estamos completamente envueltos por la oscuridad de la bruma. Comienzo a imaginarme en el agua, en el vientre materno, donde el tiempo y el pensamiento no existen. Todo lo que él dice parece tener sentido, un sentido extraordinario. Me acuerdo de la señora de la conferencia. Me acuerdo de la muchacha que me llevó hasta la plaza. También ella había dicho que el agua era el símbolo de la Diosa.
— A veinte kilómetros de aquí hay una gruta —prosigue—. El 11 de febrero de 1858 una niña recogía leña allí en compañía de otras dos criaturas. Era una niña frágil, asmática, de una pobreza que rozaba la miseria. Aquel día de invierno tuvo miedo de atravesar un pequeño riachuelo; podía mojarse, enfermar, y sus padres necesitaban el poco dinero que ganaba trabajando como pastora.
»Entonces apareció una mujer vestida de blanco, con dos rosas doradas en los pies. Trató a la niña como si fuese una princesa, le pidió por favor que volviese allí un determinado número de veces y desapareció. Las otras dos criaturas, que la habían visto en trance, divulgaron luego la historia.
»A partir de ese momento comenzó un largo calvario para ella. La detuvieron, y le exigieron que lo negase todo. La tentaron con dinero para que pidiese favores especiales a la Aparición. Los primero días su familia fue insultada en la plaza pública; decían que hacía todo aquello para llamar la atención.

10 febrero, 2010 at 10:44
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diario

said

El Espíritu y la Novia dicen: « ¡Ven!»
Y el que oiga, diga: «¡Ven!»
Y el que tenga sed, que se acerque,
y el que quiera, reciba gratis agua de vida.

— ¿Por qué el símbolo del rostro femenino de Dios es el agua?
— No lo sé. Pero ella generalmente escoge este medio para manifestarse. Tal vez porque es la fuente de la vida; se nos genera por medio del agua, y permanecemos en ella durante nueve meses.
»El agua es el símbolo del Poder de la mujer, el poder al que ningún hombre, por iluminado o perfecto que sea, puede aspirar.
Hace una pausa, y luego retoma la conversación.
— En cada religión, y en cada tradición, Ella se manifiesta de una manera diferente, pero siempre se manifiesta. Como soy católico, logro vislumbrarla cuando estoy delante de la Virgen María.
Me coge de la mano y en menos de cinco minutos salimos de Saint-Savin. Pasamos por delante de una columna que hay en la carretera, con algo extraño encima: una cruz, y la imagen de la Virgen en el sitio donde debería estar Jesucristo. Me acuerdo de sus palabras, y me sorprende la coincidencia.

10 febrero, 2010 at 10:43
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diario

said

Él levanta la botella de vino, pero está vacía. Ya no nos acordamos de qué fue lo que nos trajo hasta la fuente. Algo importante está presente; como si sus palabras estuviesen obrando un milagro.
— Sigue hablando —insisto.
— Su símbolo es el agua, la niebla alrededor. La Diosa usa el agua para manifestarse.
La bruma parece cobrar vida, y transformarse en algo sagrado, aunque yo siga sin entender lo que él dice.
— No quiero hablarte de historia. Si quieres informarte al respecto, puedes leer el texto que traje conmigo. Pero quiero que sepas que esta mujer, la Diosa, la Virgen María, la Shechinah judaica, la Gran Madre, Isis, Sofía, sierva y señora, está presente en todas las religiones de la Tierra. Fue despreciada, prohibida, disfrazada, pero su culto ha seguido de milenio en milenio, y ha llegado hasta el día de hoy.
«Uno de los rostros de Dios es un rostro de mujer.»
Lo miré a la cara. Sus ojos brillaban, y miraban fijos la niebla que teníamos delante. Vi que no necesitaba insistir para que continuase.
— Ella está presente en el primer capítulo de la Biblia, cuando el espíritu de Dios se mueve sobre las aguas y Él las coloca por debajo y por encima de las estrellas. Es el matrimonio místico de la Tierra con el Cielo.
»Ella está presente en el último capítulo de la Biblia, cuando

10 febrero, 2010 at 10:42
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diario

said

Él termina de beber lo poco que queda en la botella. Me pregunta si quiero que vaya a buscar una más, y digo que no.
— Quiero que me respondas ahora mismo. Cada vez que planteamos ciertos temas, tú empiezas a hablar de otra cosa.
— Ella fue normal. Tuvo otros hijos. La Biblia nos cuenta que Jesús tuvo otros dos hermanos.
»La virginidad en la concepción de Jesús se debe a otro hecho: María inicia una nueva era de gracia. Allí comienza otra etapa. Ella es la novia cósmica, la Tierra, que se abre al cielo y se deja fertilizar.
»En ese momento, gracias a su coraje para aceptar el propio destino, ella permite que Dios venga a la Tierra. Y se transforma en la Gran Madre.
No logro seguir sus palabras. Él lo percibe.
— Ella es el rostro femenino de Dios. Ella tiene su propia divinidad.
Sus palabras salen tensas, casi forzadas, como si estuviese cometiendo un pecado.
— ¿Una Diosa? —pregunto.
Espero un poco, para que me lo explique mejor, pero no sigue adelante con la conversación. Hace pocos minutos, yo pensaba con ironía en su catolicismo. Ahora, sus palabras me parecen blasfemia.
— ¿Quién es la Virgen? ¿Qué es la Diosa? —Soy yo quien retoma el tema.
— Es difícil de explicar —dice él, cada vez más incómodo—. Llevo conmigo alguna cosa escrita. Si quieres, puedes leerla.
— Ahora no voy a leer nada, quiero que me lo expliques —insisto.

10 febrero, 2010 at 10:41
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diario

said

Él no dice nada. Quizá esté todavía sumergido en el océano del silencio, pero el vino me suelta de nuevo la lengua, y siento necesidad de hablar.
— Dices que algo aquí, en esta ciudad, cambió tu rumbo.
— Creo que me cambió. No estoy totalmente seguro, por eso quería traerte aquí.
— ¿Es una prueba?
— No. Es una entrega. Para que ella me ayude a tomar la mejor decisión.
— ¿Quién?
— La Virgen.
La Virgen. Tendría que haberme dado cuenta. Me quedo impresionada de ver cómo tantos años de viajes, de descubrimientos, de nuevos horizontes, no lo han liberado del catolicismo de la infancia. Al menos en eso, yo y nuestros amigos habíamos evolucionado mucho: ya no vivíamos con el peso de la culpa y de los pecados.
— Es impresionante que, después de todo lo que has pasado, sigas conservando la misma fe.
— No la he conservado. La perdí y la recuperé.
— Pero ¿en Vírgenes? ¿En cosas imposibles y fantasiosas? ¿No tuviste una vida sexual activa?
— Normal. Me enamoré de muchas mujeres.
Siento un poco de celos, y me sorprendo de mi propia reacción. Pero la lucha anterior parece haberse apaciguado, y no quiero volver a despertarla.
— ¿Por qué ella es «la Virgen»? ¿Por qué no nos presentan a Nuestra Señora como una mujer normal, igual a las demás?

10 febrero, 2010 at 10:40
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diario

said

Por primera vez estamos en silencio de verdad. No es el silencio incómodo del coche, cuando viajábamos de Madrid a Bilbao. No es el silencio de mi corazón asustado, cuando estábamos en la capilla cerca de San Martín de Unx.
Es un silencio que habla. Un silencio que me dice que ya no necesitamos seguir explicándonos cosas el uno al otro.
Sus pasos han cesado. Me está mirando, y debe de ser bonito lo que ve: una mujer sentada en el borde de una fuente, en una noche de niebla, a la luz de un farol.
Las casas medievales, la iglesia del siglo XI y el silencio.

La segunda botella de vino ya casi está por la mitad cuando decido hablar.
— Esta mañana ya estaba convencida de que soy alcohólica. Bebo el día entero. En estos tres días he bebido más que todo el año pasado.
Él me pasa la mano por la cabeza sin decir nada. Siento la caricia, y no hago nada por apartarlo.
— Cuéntame un poco de tu vida —le pido.
— No tengo grandes misterios. Existe mi camino, y hago lo posible por recorrerlo con dignidad.
— ¿Cuál es tu camino?
— El camino de quien busca el amor.
Se queda un momento jugueteando con la botella casi vacía.
— Y el amor es un camino complicado —concluye.
— Porque en ese camino las cosas nos llevan al cielo o nos tiran al infierno —digo, sin tener la certeza de que se está refiriendo a mí.

10 febrero, 2010 at 10:39
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diario

said

pensé. La convivencia de tres días —y encima viéndome usar la misma ropa todo el tiempo— fue suficiente para hacerle cambiar de idea. Mi orgullo de mujer se sintió herido, pero mi corazón latió más aliviado.
«¿Será esto lo que quiero?»
Porque ya empezaba a sentir las tempestades que traen consigo los vientos del amor. Ya empezaba a notar una grieta en la pared de la presa.
Nos quedamos un largo rato bebiendo, sin conversar de cosas serias. Hablamos de los dueños de la casa y del santo que había fundado aquel pueblo. Me contó algunas leyendas sobre la iglesia del otro lado de la plaza, que yo apenas podía distinguir a causa de la niebla.
— Estás distraída —dijo en cierto momento.
Sí mi mente estaba volando. Me gustaría estar allí con alguien que me dejase el corazón en paz, alguien con quien pudiese vivir aquel momento sin miedo de perderlo al día siguiente. Así el tiempo pasaría más despacio; podríamos quedarnos en silencio, ya que tendríamos el resto de la vida para conversar. Yo no tendría que estar preocupándome de temas serios, decisiones difíciles, palabras duras.

Estamos en silencio, y eso es una señal. Por primera vez estamos en silencio, aunque sólo ahora me he dado cuenta, cuando él se ha levantado para buscar otra botella de vino.
Estamos en silencio. Oigo el ruido de sus pasos mientras regresa a la fuente donde estamos juntos desde hace más de una hora, bebiendo y mirando la niebla.

10 febrero, 2010 at 10:38
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diario

said

»Por mí, este tema no habría surgido. Pero ya que se presentó, no puedo dejar de pensar en él.
— Amar es peligroso.
— Sé de eso —respondí—. Ya conocí el amor. Amar es como una droga. Al principio hay una sensación de euforia, de entrega total. Después, al día siguiente, quieres más. Todavía no te has enviciado, pero te ha gustado la sensación, y te parece que puedes mantenerla bajo control. Piensas en la persona amada durante dos minutos y la olvidas durante tres horas.
»Pero al poco tiempo te acostumbras a esa persona, y pasas a depender totalmente de ella. Entonces piensas en ella durante tres horas y la olvidas durante dos minutos. Si no está cerca, experimentas las mismas sensaciones que los viciosos cuando no consiguen droga. En ese momento, así como los viciosos roban y se humillan para conseguir lo que necesitan, tú estás dispuesto a hacer cualquier cosa por el amor.
— Qué ejemplo tan horrible—dijo él.
Era realmente un ejemplo horrible, que no combinaba con el vino ni con la fuente ni con las casas medievales que rodeaban la pequeña plaza. Pero era verdad. Si él había dado tantos pasos por culpa del amor, necesitaba conocer los riesgos.
— Por eso, sólo debemos amar a quien podemos tener cerca —concluí.
Él se quedó un largo rato mirando la niebla. Parecía que ya no volvería a pedir que navegásemos por las peligrosas aguas de una conversación sobre el amor. Yo estaba actuando con dureza, pero no había alternativa.
«Cerramos el asunto», .

10 febrero, 2010 at 10:37
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diario

said

Como si el destino quisiera mostrarme que la historia del Otro era verdadera —y el universo siempre conspira a favor de los soñadores—, encontramos una casa para pernoctar, en la que había una habitación con dos camas separadas. Mi Primera Providencia fue tomar un baño, lavarme la ropa y ponerme la camiseta que había comprado. Me sentí nueva, y eso me dio más seguridad.
«A lo mejor a la Otra no le gusta esta camiseta», pensé, riéndome para mis adentros.
Después de cenar con los dueños de la casa —los restaurantes también estaban cerrados durante el otoño y el invierno—, él pidió una botella de vino, prometiendo comprar otra al día siguiente.
Nos pusimos la chaqueta, Pedimos dos vasos prestados y salimos.
— Vamos a sentarnos en el borde de la fuente—dije.
Nos quedamos allí, bebiendo para alejar el frío y la tensión.
— Parece que el Otro ha vuelto a encarnarse en ti —bromeé—. Tu humor ha empeorado.
Él se rió.
— Dije que conseguiríamos una habitación y la conseguimos. El universo siempre nos ayuda a luchar por nuestros sueños, por locos que parezcan. Porque son nuestros sueños, y sólo nosotros sabemos cuánto nos cuesta soñarlos.
La niebla, que el farol teñía de amarillo, no nos dejaba ver bien el otro lado deja plaza.
Respiré hondo. No se podía postergar más el tema.
— Quedamos en hablar del amor —dije—. No podemos seguir eludiendo el asunto. Tú sabes cómo he pasado estos días.

10 febrero, 2010 at 10:35
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diario

said

Por mucho entusiasmo que él tuviese, por más que el Otro ya se hubiese alejado de su vida, los habitantes de Saint-Savin no sabían que su sueño era dormir allí esa noche, y no lo iban a ayudar en nada. Entretanto, mientras él contaba la historia, yo tenía la sensación de estar viéndome a mí misma: los miedos, la inseguridad, la voluntad de no descubrir todo lo que es maravilloso, porque mañana puede acabarse, y vamos a sufrir.
Los dioses juegan a los dados, y no preguntan si queremos participar en el juego. No quieren saber si has dejado a un hombre, una casa, un trabajo, una carrera, un sueño. Los dioses no se fijan en el hecho de que tienes una vida en la que cada cosa está en su sitio, y cada deseo puede ser alcanzado con trabajo y perseverancia. Los dioses no tienen en cuenta nuestros planes y nuestras esperanzas; en algún lugar del universo, juegan a los dados, y por accidente resultas escogido. A partir de ese momento, ganar o perder es sólo cuestión de oportunidad.
Los dioses juegan a los dados, y liberan el Amor de su jaula. Esa fuerza que puede crear o destruir, según la dirección en que esté soplando el viento en el momento en que sale de su prisión.
Por ahora el viento soplaba hacia el lado de él. Pero los vientos son tan caprichosos como los dioses y, en el fondo de mi ser, empezaba a sentir algunas ráfagas.

10 febrero, 2010 at 10:26
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diario

said

. Tanto piensa, y tanto planifica, que sólo descubre que está vivo cuando sus días en la tierra están a punto de terminar. Pero entonces ya es demasiado tarde.
— Y tú ¿quién eres?
— Yo soy lo que es cualquiera de nosotros, si escucha su corazón. Una persona que se deslumbra ante el misterio de la vida, que está abierta a los milagros, que siente alegría y entusiasmo par lo que hace. Sólo que el Otro, temiendo desilusionarse, no me dejaba actuar.
— Pero existe el sufrimiento—dicen las personas del bar.
— Existen derrotas. Pero nadie está a salvo de ellas. Por eso, es mejor perder algunos combates en la lucha por nuestros sueños que ser derrotado sin siquiera saber por qué se está luchando.
— ¿Sólo esa? —preguntan las personas del bar.
—Sí. Cuando descubrí eso, decidí ser lo que realmente siempre deseé. El Otro se quedó allí, en mi habitación, mirándome, pero no lo dejé entrar nunca más, aunque algunas veces intentó asustarme, alertándome de los riesgos de no pensar en el futuro.
»Desde el momento en que expulsé al Otro de mi vida, la energía divina obró sus milagros.
«Creo que él inventó esa historia. Quizá sea bonita, pero no es verdadera», pensé, mientras seguíamos buscando un sitio para pernoctar. Saint-Savin no tenía más de treinta casas, y pronto tendríamos que hacer lo que yo había sugerido: ir a una ciudad más grande.

10 febrero, 2010 at 10:25
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diario

said

Cuánto tiempo hace que nadie me trata así», pensé.
Llamamos a la primera puerta; una mujer nos dijo que no alquilaba habitaciones. En la segunda puerta no nos atendió nadie. En la tercera, un viejecito gentil nos recibió bien, pero cuando miramos la habitación vimos que sólo tenía una cama de matrimonio. Yo me negué.
— Quizá convenga que vayamos a una ciudad más grande —sugerí cuando salíamos.
— Vamos a conseguir una habitación —respondió él—. ¿Conoces el ejercicio del Otro? Pertenece a una historia escrita hace cien años, cuyo autor…
— Olvida al autor y cuéntame la historia —dije mientras andábamos por la única plaza de Saint-Savin.
— Un sujeto encuentra a un viejo amigo, que vive tratando de acertar en la vida, sin resultado. «Voy a tener que darle un poco de dinero», piensa. Sucede que, esa noche, descubre que su amigo es rico, y que ha venido a pagar todas las deudas que ha contraída en el correr de los años.
Van hasta un bar que solían frecuentar juntos, y él paga la bebida de todos. Cuando le preguntan la razón de tanto éxito, él responde que hasta unos días antes había estado viviendo el Otro.
— ¿Qué es el Otro? —preguntan.
— El Otro es aquel que me enseñaron a ser, pero que no soy yo. El Otro cree que la obligación del hombre es pasar la vida entera pensando en cómo reunir dinero para no morir de hambre al llegar a viejo.

10 febrero, 2010 at 10:23
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diario

said

¿Por qué no dices «amén»? —preguntó.
— Porque ya no me parece tan importante. Hubo una época en la que la religión formaba parte de mi vida, pero ese tiempo pasó.
Él dio media vuelta y empezamos a caminar, regresando hacia el coche.
— Todavía rezo —proseguí—. Lo hice cuando cruzábamos los Pirineos. Pero es algo automático, y no sé si creo mucho.
—¿Por qué?
— Porque sufrí, y Dios no me escuchó. Porque muchas veces en mi vida intenté amar con todo mi corazón, y el amor terminó siendo pisoteado, traicionado. Si Dios es amor, debería cuidar mejor de mi sentimiento.
— Dios es amor. Pero quien entiende mucho del tema es la Virgen.
Solté una carcajada. Cuando volví a mirarlo, descubrí que estaba serio: no había sido un chiste.
— La Virgen entiende el misterio de la entrega total —prosiguió—. Y, por haber amado y sufrido, nos liberó del dolor. De la misma manera en que Jesús nos liberó del pecado.
— Jesús era hijo de Dios. La Virgen fue apenas una mujer que tuvo la gracia de recibirlo en su vientre — contesté. Quería reparar la risa inoportuna, quería que supiese que respetaba su fe. Pero la fe y el amor no se discuten, especialmente en un pueblo tan bonito como aquél.
Abrió la puerta del coche y cogió las dos bolsas. Cuando intenté quitarle mi equipaje de las manos, sonrió.
— Déjame llevártelo—dijo.

10 febrero, 2010 at 10:22
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