–¿Sabes que he plantado dos árboles de mango? Sé que te gustan. Los he conseguido ya injertados. Dentro de algunos años empezarán a dar fruto. ¿Quieres verlos? Están detrás de los higos chumbos.
Me escabullí. Si llegaba tarde, encontraría a mi madre preocupada. Debió desilusionarse, pero no dijo nada. Después, cuando ya era demasiado tarde y me enteré de su muerte, volví a pensar en aquellos árboles. Quién sabe lo que habría costado conseguirlos. El mango, entonces, era aún muy raro en nuestras tierras. Los había plantado para mí y sabía que él no iba a ver esos frutos.
De lo que había querido decirme, me enteré poco después a través de mi madre. Un mes después de que yo me fuera había estado en casa y le había dado a mi madre un sobre, rogándole que me lo diera cuando volviera a Mazara. Había seiscientas liras, los ahorros de toda su vida. (Continúa)
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María fue la única de la familia que supo que había estado detenido en Madrid. Una ocultación para evitar preocupaciones. Fue al poco de llegar para estudiar, en septiembre de 1974. Cumplía 17 años en octubre. Y fue más o menos por el aniversario. En una manifestación, al anochecer, en la calle Princesa.
La policía estaba al tanto. Nuestros primeros gritos fueron para ellos la señal de carga. Salieron de todas partes. Una auténtica emboscada. Un grupo numeroso de manifestantes nos metimos como corderos por un callejón sin salida, siguiendo el reclamo del que parecía más avezado y que tenía un cierto parecido físico con el poeta Leopoldo María Panero. Un episodio cómico, de no ser que acabamos en el lugar más temido de España, la Dirección General de Seguridad, en la Puerta del Sol. A la mayoría nos retuvieron dos días en calabozos atestados, después de identificarnos, hacernos desnudar y fotografiarnos para la ficha. En nuestra celda estábamos apretujados cinco, de los que sólo conocía a uno, el escritor Ramón Pernas. Pero nadie tenía ganas de charlar. Cuando llegó el turno, me subieron a un despacho para el interrogatorio. No fue un momento histórico. De los dos sociales presentes, como llamábamos a la policía política, uno ni me miró, ocupado en tareas intelectuales. El otro me hizo repetir los datos de identificación. «Y eres gallego, claro. ¡Te canta el acento.
Manuel rivas.
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Que pena, muchas veces nos encontramos de frente, ella y yo. Estamos frente a la cronología de las lecciones escolares de humanidades, de un caloroso y reposado verano.
Parecíamos que formábamos parte de un gran álbum de los tiempos. Más bien enjuiciando una bonita estampa cubista algo amarillenta, de un tiempo de auroras perdidas, en la infinidad de nuestros días.
Recuerdo muy bien aquellas serenas tardes, en que poco a poco sentados en la cúpula reservada para las grandes ocasiones, nos bebíamos ha cortos sorbitos el arco iris, como ahora se bebe la cola, eso sí, en vasos muy gruesos de alabastro.
Mario
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Y los lirios adornaban el camino de la intransigencia…
Que puedes hacer ya con tu vida si siempre has estado manipulada por in sinrazones descontroladas. Nunca te importó controlar con esmero el latido de tus pasiones y ser tu misma quien interviniera en tu destino.
Siempre has buscado ser honesta contigo mismas, pero… nunca apareció la imposición del llamado yo. Desde niña te has dejado atrapar por otra niña más colérica que tú, creyéndose con unos poderes manado de lo celestial.
Dejando pasar el viento que sopla por el lado del camino y por más que los lirios de la jardinera adornan dicho camino, aquel que conduce a la verdad, el tiempo ha ido mostrándote la realidad, el alejamiento de la humanidad ya no se apiada de tu llanto interno.
Era muy bonito no pensar y dejar en manos de otra persona no divina, que manipulara y dirigiese tus decisiones.
No vale la pena los lamentos sin olvidos que acarrea el pasado. No tiene sentido el presente si no has tenido tus propios sueños para vivirlo.
Dejemos en paz los sentimientos y alejémonos del para bien de lo sucedido. Quizá los conceptos de un después purifiquen tu deseos de juventud, de no acercarte a los desconciertos de un mañana.
Mario.
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No son las malas hierbas las que ahogan las buenas semillas, sino la negligencia del campesino.
Confucio.
Estaremos siempre en las sombras oscuras de mi calle
En el desierto, los lirios de la codicia, no saben vivir.
Sembraremos la subsistencia entre las esperanzas.
Cosecharemos el fruto corrupto de su mala acción.
Estaremos siempre en el lado oscuro de mi calle
y en negro robaron al mundo los sueños de felicidad.
Se necesitan quimeras para convertir el vino en vinagre.
Son los milagros quien multiplica sus cuentas en suiza.
Estaremos siempre en la acera mal empedrada de la calle
y al pobre, quien le devuelve su sudor robado,
No, no hay nada que ayude a avecinas alegrías.
Solo son malos traspiés que damos, los humildes del mundo.
Estaremos siempre en el lado menos favorecido de la calle
Y los sin vergüenzas arremeten contra sus propias mentiras.
Se tapan unos a otros como las sombrillas del verano.
Tendríamos que construir nuevas cárceles, para tanto ladrón.
Mario.
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Vemos variabilidad indefinida en las innumerables, aunque pequeñas peculiaridades
que distingue a los individuos de la misma especie y que no pueden ser explicadas por herencia, ya sea del padre, de la madre o del antecesor más remoto. También aparecen algunas veces, diferencias muy marcadas en los hijos del mismo parto y en las plantas procedentes de una misma cápsula de semilla. A largos intervalos de tiempo, entre millones de individuos criados en el mismo país y sustentados próximamente con el mismo alimento, surgen desviaciones de estructura tan pronunciadas que merecen llamarse monstruosidades; pero estas no pueden ser separadas por línea determinada de otras variaciones más ligeras.
Todos los cambios de estructura, ya sean en extremo insignificantes o profundamente marcados, que aparecen entre muchos individuos que viven juntos, pueden ser considerados como efectos indefinidos de las condiciones de vida de cada organismo individual, casi del mismo modo en que un escalofrío afecta a diferentes hombres,
de manera indefinida, según el estado de sus cuerpos o constitución, causando toses
o resfriados, reumatismos o inflamaciones de órganos diversos.
Charles Darwin
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Hola Maci.
Si, es mejor no decir nada, si aquello que puedes decir, puede ser un agravio para alguien, cuando tú no quieres levantar ninguna polémica, como me pasa a mí, yo solo quiero ser paz en mi entorno y luz en alguna tarde gris.
Gracias por acordarte de los amigos cuando ya ha pasado el verano e iniciamos una nueva etapa en el desangelado otoño.
Un abrazo compañero.
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Si quieres ser sabio, aprende a interrogar razonablemente, a escuchar con atención, a responder serenamente y a callar cuando no tengas nada que decir.
Johann Kaspar Lavater.
Saludos Mario.
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Gracias mario.
A propósito con tu idea!
Te dejo una de las frases que no hace una semana fotografié en la casa de Miguel Hernández, allá en Orihuela. Están en la plaza de la entrada a su casa familiar, copiadas de su puño y letra, en borrador creo, simulando pergaminos amarillentos:
” Me libré de los templos.
sonreizme,
donde me consumía con tristeza de lámpara
encerrado
en el poco aire de los sagrarios”.
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JA, JA, JAAA.
Y yo que pensaba que el rarillo social, solo era yo, veo que contigo me ha salido competencia.
Eso de iniciar una conversación y que para este tipo de gente todo sea espiritual. No va conmigo.
Que no abrigues las esperanzas de ser comprendido, cuando hablar del género humano y llamar al pan, pan, sin que ese pan fuese bendecido o pasase por la sacristía. No va conmigo
Se suben a un postulado y de ahí no se bajan en todo el trayecto y siempre te siguen con reticencias y desconfianzas. No va conmigo.
No alternan en bailes ni fiestas, en un momento determinado, salirse uno por Cádiz y no encontrar una miserable sonrisa. No va conmigo.
Gracias por que así ya somos dos, que no nos gusta aburrirnos en compañía, mejor reírse uno solo, de las propias estupideces que hace o dice.
Saludos.
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Qué a punto leo tu relato, madre… piensas como yo. Esta mañana decidí no asistir a una cena de la gente con la que encontré este verano en un viaje de 8 días. No, no “quiero tener un millón de amigos”. Ja, já.
Me desvelo para afianzar los de antes, para comprenderles, para disculparles si llega el caso. Por seguir queriéndonos.
Sólo mimo el encuentro con la nueva persona si se crea – o una cree intuir- cierta afinidad de espíritus.
GRACIAS
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— Vamos a vendarte. No tienes elección—declaró mi madre.
Hermana Tercera, nerviosa, miraba en busca de un lugar donde esconderse. Estaba atrapada y nada podría impedir lo inevitable. Madre y tía avanzaron hacia ella, que hizo un último intento por escabullirse de sus brazos, pero Hermana Mayor la agarró. Hermana Tercera sólo tenía seis años, pero se resistió
con uñas v dientes. Hermana Mayor, mi tía y mi abuela la sujetaban, mientras mi madre le ceñía a toda prisa los vendajes. Hermana Tercera no paraba de chillar. Varias veces consiguió liberar un brazo, pero enseguida volvían a sujetárselo. Por un segundo mi madre dejó escapar el pie de Hermana Tercera, que agitó la pierna, de modo que la larga venda ondeó en el aire como la cinta de un acróbata. Luna Hermosa y yo estábamos horrorizadas; los miembros de nuestra familia no debían comportarse así. Sin embargo, lo único que podíamos hacer era permanecer sentadas y mirar con los ojos como platos, porque unas punzadas cada vez más fuertes empezaban a subirnos por las pantorrillas. Finalmente, mi madre terminó su trabajo. Soltó de golpe los pies de Hermana Tercera, se levantó, la miró con desagrado y le espetó una sola palabra:
— ¡Inútil!
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Un buen camino, pero si… con muchos recodos.
Este verano he pretendido tratar de recorrer nuevas vías, para así definir y conocer nuevos cauces sociales.
He pretendido conocer a otras gentes como yo, con derecho ha hacen algún alto en ese camino y así poder contemplar algún otro bonito paisaje.
Eso me ha pasado este verano, he querido hacer un alto en el camino y ampliar en área de influencia social.
Quizá no debería opinar tan pronto, pero en realidad, ciertos temas es mejor tratarlos recién salidos del horno, en caliente. No creo que haya valido la pena las meriendas tan codiciosas con las nuevas amistades.
Como siempre ocurre, intuyo que esto no tiene pasaporte para un futuro, con ello quiero decir, qué supongo que no será nada fructífero.
Igual que aquellos viajeros que se hacen amigos, el tiempo que dura el viaje y cuando se acaba, después… si te he visto ya no me acuerdo de ti.
Somos como dos caminos divergentes. Quiero empezar diciendo, que ambos estamos situados en la torre de Babel.
Noté como muchas veces, que no hablábamos el mismo idioma. No conectaban nuestros temas, por más que se esforzaban nuestros diálogos en seguir unidos, acaban cayendo en una especie de pozos o catacumbas.
Nunca nuestros mundos chocaran, porque no se atraen.
Los maravillosos racimos de uvas que teníamos en nuestras manos, jamás nos pueden dar, un apreciable vino.
El camino que conduce otra vez al olvido, sigue trazado por su mismo sitio. Todo es regreso y volver a empezar.
Mario.
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CONTINUACIÓN.
¿Y cuando te fuiste?…la memoria no me dejó nada; se desnudó de ti,
ni siquiera quedaron retazos de tu ausencia para escribirte elegías
que improvisen mis lágrimas. Hoy sólo quiero redimir la distancia
para que imagines la nieve poblando nuestros sexos,
las páginas de alcohol donde tu recuerdo reescribo,
o un alfanje de lluvia donde dos nombres naufraguen.
Ahora estoy cansado y como Ulises desde Ítaca
al lecho del vencido regreso, hace muchas lunas
que el ansia de la carne enviudó en la alcoba de Penélope.
Por eso advierto que la soledad se va haciendo carcoma
y sin compasión está royendo aquel tiempo que fue nuestro
y ahora se desvanece donde habita el olvido.
RAFAEL VALDEMAR.
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Recuerdo bien el día que llegaste a mí,
eras como un pulso de fiebre cuando incendia la carne.
Traías la inquietud del mar en tus pupilas y en tu voz
un presagio de dudas, pero te quedaste velando mis heridas
para ser torrentera de amor que en las arterias fluye.
Decididas mis manos recorrieron el mapa de tu cuerpo,
no hubo cordillera, ni valle, ni altiplano que no te descubriera.
Y te amé, con la levedad del viento acariciando los tendales.
A través del vértigo de tu boca todo lo aprendí de ti
y mi corazón como un lirio desguarnecido en tu pecho halló refugio,
entonces compartimos, en el tálamo del amanecer,
el pan de tu cosecha y el vino del deseo
que en mis venas transita.
Fuimos el lenguaje callado de los astros,
el evangelio secreto de las aves,
la liturgia frutal que en el altar de tu piel se consagra.
La noche como excitada virgen quiso ofrecerse en sacrificio
y bajo el palio de sus sombras, apuramos la pasión hasta embriagarnos.
Con resaca de luna en celo apareció la madrugada, y de repente,
sentí que tu cintura se movía felina y me sedujo,
que tus pechos eran dos cumbres que escalaban mis labios,
y por tu espalda mis dedos ascendían con ávida lujuria.
No hubo más júbilo que tu presencia haciéndose acequia de la dicha,
donde saciar cada póstula de sed que codiciara resecar
la tierra donde los hijos de la luz crecían al futuro.
CONTINUA.
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