Estrofas de: “El poeta”
Con el sabio amargo dijo: Vanidad de vanidades,
todo es negra vanidad;
y oyó otra voz que clamaba, alma de sus soledades:
sólo eres tú, luz que fulges en el corazón, verdad.
Y viendo cómo lucían
miles de blancas estrellas,
pensaba que todas ellas
en su corazón ardían.
¡Noche de amor!
Y otra noche
sintió la mala tristeza
que enturbia la pura llama,
y el corazón que bosteza,
y el histrión que declama
Y dijo: Las galerías
del alma que espera están
desiertas, mudas, vacías:
las blancas sombras se van.
Y el demonio de los sueños abrió el jardín encantado de
ayer. ¡Cuán bello era!
¡Qué hermosamente el pasado
fingía la primavera,
cuando del árbol de otoño estaba el fruto colgado,
mísero fruto podrido,
que en el hueco acibarado
guarda el gusano escondido!
¡Alma, que en vano quisiste ser más joven cada día,
arranca tu flor, la humilde flor de la melancolía!
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Tor, no creo que tus usas tengan que crecer para aportar algo algo al foro, es lo que pienso, con el permiso de Mario, por supuesto. Escribes estupendamente y de una forma muy profunda. A mi también me encanta leerte y meditar sobre ello.
Un abrazo
Nicol
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Los dos sois extraordinarios al escribir. Es un placer para mí, tener la suerte de encontraros y saborear la tarde leyendo esos retazos de tanto calado.
Como llenais el espacio de tanta altura, solo con leeros, puedo retirarme y meditar sobre lo leido.
Cuando mis musas crezcan, les diré que se acerquen por aqui y que escriban algo. Hoy, está completo el foro. Lo justo y necesario.
Gracias de nuevo. “Tor”
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(continuación)
Entre los dos, aquél verano, construimos infinidad de grandes castillos de arena. Nos encontramos amparados por la humedad de la brisa del mar, los dos nos juramos amor eterno, los dos nos engañábamos con alevosía y, los dos fracasamos con temeridad.
Pasó el verano y el calor se fue diluyendo, cómo le pasa a las pompas de jabón con el agua salada del mar. Igual ocurrió con nosotros, se enfrió el dique seco, cuando empezaron a venir las primeras grandes olas.
Pronto tuvimos que recoger las pequeñas mochilas y marchar. Nuestros cuerpos quedaron sin rumbo, lejos el uno del otro, en otros horizontes sin destino ni amparo. Seguiríamos volando al infinito, hasta encontrar el otro lado de la historia o el final de nuestra vida.
Hablamos qué seguramente, nos encontraríamos allá en la gran ciudad, donde cada invierno es el refugio y la tierra prometida de muchos de nosotros; aquellos los insignificantes, los humildes, los cándidos, los desheredados de la tierra.
Mario.
Estaré ausente del foro unos cuantos días.
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A Diana la conocí una noche de verano, en un pueblecito precioso de la costa Catalana, cuando ambos andábamos buscando la otra felicidad, aquella que encontraba Morfeo en sus grandes ocasiones.
Era una linda chica muy alegre, sonrisa picarona, ojos azules, pelo rubio, estatura un metro sesenta, piel muy blanca. Lanzada a recorrer todos los caminos, pero no le gustaba ser objetora de su propia conciencia.
Soñábamos en un mundo mejor, de grandes amapolas y pequeñas esperanzas.
Los dos trabajábamos en los bares junto a la playa, sirviendo bebidas a los ocasionales veraneantes.
Enseguida comprobamos que la noche une a seres de esencias muy extrañas. Esto ocurre en la mayoría de veces, cuando estos cuerpos están aromatizados con flores de jazmín, de claveles, de salvia o hierbabuena.
Jugamos a aquél extraño juego, el que la mayoría de los inconformistas hemos aprendido a jugar muy bien, aquél, el de hablar de el estado anémico de las soledades.
Junto a un dique seco, de forma repetitiva, los dos descubrimos que la rosas crecían y vivían en medio de otros planetas, estos planetas aparecían engalanado de farolillos muy brillantes de color turquesa.
(sigue)
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Mario, bellas palabras para describir el hechizo que produce en un hombre, el amor y la entrega de una mujer.
Tu poesia tiene un gran valor descriptivo y expresas con palabras sencillas profundos sentimientos.
Saludos
Nicol
Nicol
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De que me vale
Vivir envuelto en oro,
sí mi corazón sólo se alimenta
de buenos sentimientos.
Cuando la llama de nuestro
Amor se apagué,
sólo quedará cenizas
en los pasillos oscuros
de nuestros corazones.
Hueles a mujer recién amada,
tú cuerpo desprende un elixir especial,
aún siento tu sollozos en mi corazón
y es qué en los atardeceres
otoñales con su lluvias,
té pones tan excitante que atraviesas
mi corazón con dos espadas.
Y me dejó atrapar por tu cuerpo,
eres tan sensual y atrayente
que pierdo mi sentidos en mis deseos.
¡¡¡Que divina estás envuelta en tú piel satén,
ese satén que en ti, no envejece nunca.!!!
Mario.
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Nicol.
Tu escrito tan maravilloso y bonito como siempre. Tienes una gran destreza.
A mí también me seduce el verano a la hora de escribir. Creo que es cosa del calor, calor que me vuelve un sonámbulo en estado puro y a media noche, no es el momento adecuado para salir a pasear. Es mejor quedarse en casa y escribir.
Es el mejor momento que encuentro para hacerlo, ya que el silencio de la noche, me ayuda a que lleguen las musas revoloteando con sus alegres vuelos y se muestren dócilmente a mis pies.
Mario.
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continua….
Quizá no fué la luna la que cambió, quizá, mientras la veía surgieron los recuerdos e hicieron que ya no me pareciese tan amable…..
Esa no era “mi luna”, la luna que yo soñé siempre junto a ti.
Aquella que nos contemplaba sonriente, mientras paseábamos por el puerto, en una tibia noche de verano….
Nicol
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Una luna blanca, con cara bonachona, me miraba desde el cielo mientras iba por la carretera de la costa.
La vi surgir por el horizonte, grande, diáfana, con las manchas en “su sitio” (como siempre las hemos visto)
dibujando claramente los ojos, la boca y la nariz. Había empezado ya el cuarto menguante, y la parte izquierda de su frente, mostraba un pequeño “desfase” en cuanto a su redondez. Lucía bonachona, como una matrona entrada en carnes, con las mejillas prominentes y una mirada tierna.
De vez en cuando, las escasas nubes la hacían parecer distinta. Unas, la ocultaban a medias, como si se escondiese tras un abanico; otras lucía enorme cabellera desplegada al viento, o un tupé con tirabuzones; ví como una nube cubría su cabeza cayendo hacia sus invisibles hombros, en un peinado de rizos imposibles…..
Estaba fascinada, y al mismo tiempo que conducía la iba mirando de a poco para ver el próximo cambio.
Y de repente lo ví…. Cambió la luz, ya no era tan blanca, iba cambiando hacia un amarillo dorado, y sus facciones se endurecían por momentos; el gesto amable que presentaba al nacer, se iba endureciendo, enfriando…. Las sombras de sus ojos y su boca, se estrecharon en un gesto de indiferencia, de amargura…. y ya no me gustó mirarla….
sigue……
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Sorry….: Donde pone “estasestos” sobra, por supuesto “estos”…
Escribo en directo y me pasan cosas así de vez en cuando…
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Mario, me agrada que te guste mi relato, creado en una tarde-noche de verano donde el calor, como en él digo, era agobiante.
Me gusta la continuación que le has dado, y ¡nada de medir alturas….! Yo soy una aficionada a escribir desde hace mucho tiempo, igual que una libroadicta, desde hace más tiempo todavía. Creo que tu no estás muy lejos de mi en cuanto a estasestos dos aficiones. Escribes cosas muy bonitas, que ya he leído en algún otro foro…. en prosa y en poesía.
Un saludo
Nicol
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Y tras la tormenta, una suave brisa trajo consigo el elixir a azahar de los limones en flor, con su penetrante olor que relaja todos los sentidos y abre las puertas a los corazones cerrados al amor. Elixir agradable, dulzón, entrañable y atractivo para una tierna noche de verano.
Después alejarse la tormenta con sus nubarrones, fue apareciendo la noche, con un cielo estrellado. Poco a poco fue luciendo en el firmamento, la luna creciente. Luna que cada vez que veo, envuelve mi alma él un pañuelo de seda azul y me trae el recuerdo, de la infinidad de intransitables romances con mi soledad.
Mario.
Nicol, ni por un asomo creo estar a tu altura.
Me ha gustado mucho lo haces muy bien.
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continua….
Primero lentamente, después con fuerza, con furia, mientras el viento arreciaba y mis oídos ensordecían por el retumbar del cielo que a ratos se iluminaba con la luz espectral de los relámpagos.
Bajé los tres escalones del porche que me separaban del jardín, y con los brazos abiertos empecé a dar vueltas como una peonza, con la cara vuelta hacia arriba, dejando que el agua me empapara y arrastrase con ella todo ese calor acumulado durante el día.
Después de un rato, me senté en una de las escaleras y miré la lluvia caer, ahora con menos furia, más lentamente, empapando la tierra, regalándome el aroma fresco de la lluvia de verano.
La tormenta se fue alejando y de nuevo el sol de la tarde apareció tímidamente tras las nubes, iluminando el jardín que ahora relucía vivo, con millares de gotitas de agua donde se reflejaban innumerables arocoiris.
Yo también había revivido, y mi sopor se había esfumado. Ahora fresca, me cambié la ropa empapada por otra seca y me dispuse a disfrutar de la lectura de mi libro preferido. Con mi gata en el regazo y un café con hielo, me senté junto a la buganvilla esperando la llegada de la noche.
Nicol
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El sofocante calor entraba por las ventanas abiertas de par en par. Ni siquiera la humedad del jardín refrescaba el ambiente, antes al contrario, hacía más irrespirable el aire caliente.
Bajo el porche, recostada en la tumbona, el sopor de la tarde me envolvía haciéndome dormitar a ratos, mientras de todos los poros de mi piel brotaban pequeñas gotas de sudor que iban resbalando lentamente hasta caer al suelo.
No pensaba en nada, no sentía nada, solamente me dejaba ir en ese ensueño abrasador, mientras esperaba la llegada de la tormenta que invariablemente aparecía todos los días, cuando el cuerpo y el alma casi amenazaban con derretirse.
En el horizonte aparecieron los primeros rayos y los truenos, todavía lejanos retumbaron en mis oídos. Unos enormes nubarrones negros, avanzaban rápidamente y un ligero soplo de aire dio a mis pulmones un respiro.
Ya está aquí, me oí murmurar, y me preparé para recibirla.
No solo yo, también la naturaleza que me rodeaba, olía el agua, mi gata que hasta entonces había estado tumbada como yo, levantó las orejas y husmeó el ambiente. Se sentía la lluvia, la fresca lluvia que nos iba a sacar del largo letargo en que estábamos sumergidas.
Los truenos y los relámpagos se fueron acercando y grandes goterones de agua empezaron a caer sobre el jardín.
sigue……
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