Porque en noches como ésta, la tuve entre mis brazos,
mi alma no se contenta con haberla perdido.
Aunque éste sea el último dolor que ella me causa,
y éstos sean los últimos versos que yo le escribo.
Puedo escribir los versos más tristes esta noche.
Escribir, por ejemplo: “La noche está estrellada,
y tiritan, azules, los astros, a lo lejos”.
El viento de la noche gira en el cielo y canta.
Puedo escribir los versos más tristes esta noche.
Yo la quise, y a veces ella también me quiso.
En las noches como ésta la tuve entre mis brazos.
¡La besé tantas veces bajo el cielo infinito!
Ella me quiso, a veces yo también la quería.
¡Como no haber amado sus grandes ojos fijos!
Puedo escribir los versos más tristes esta noche.
Pensar que no la tengo. Sentir que la he perdido,
Oír la noche inmensa, más inmensa sin ella.
Y el verso cae al alma como al pasto el rocío.
Qué importa que mi amor no pudiera guardarla.
La noche está estrellada y ella no está conmigo.
Eso es todo. A lo lejos alguien canta. A lo lejos.
Mi alma no se contenta con haberla perdido.
Como para acercarla mi mirada la busca.
Mi corazón la busca, y ella no está conmigo.
La misma noche que hace blanquear los mismos árboles.
Nosotros, los de entonces, ya no somos los mismos.
Ya no la quiero, es cierto, pero cuánto la quise!
Mi voz buscaba el viento para tocar su oído.
De otro. Será de otro. Como antes de mis besos.
Su voz, su cuerpo claro. Sus ojos infinitos.
Ya no la quiero, es cierto, pero tal vez la quiero.
Es tan corto el amor, y es tan largo el olvido.
sigue…..
Hola Casi, encantada de verte por aquí. Y si, pondrá alguna historia de Musa, que ya, aunque tiene poco tiempo conmigo, ya me ha hecho alguna “peripecia”, y eso que es casi un bebé.
Un abrazo amiga.
Nicol
Hola Hizardi, perdona, pero despues de leer toda esa peripecia con el ratoncito, que me ha encantado, no puedo sino felicitarte por tu buena decisión.
Creo que un gatito como Musa, te hará mucha compañía, estarás todavía más acompañada de lo que ya está y a lo mejor, quizás si que se hacen amigos el ratoncillo y Musa. Eso ya nos lo irás contando, No se si habrás tenido antes animalitos pero te puedo asegurar que le cogerás muchisimo cariño, yo tengo una perra Basset-Haund de cinco añitos y es un encanto de buena, limpia y cariñosa conmigo. Te deseo que la disfrutes mucho. Un saludo.
Pues ya tengo el gatito, mejor dicho, la gatita. Se llama “Musa”. Un nombre que me lo ha sugerido un buen amigo mío, y que me gustó.
Solo tiene un mes, y realmente no creo que, si aparece el ratoncillo, salga corriendo trás él…. por lo menos para cazarlo.
Más bien, pienso, que si por casualidad aparece, se dediquen a jugar y a correr una tras el otro… pero por algo se empieza. De momento, no le he vuelto a ver. No se si el olor de mi gatita le ha avisado de que hay un nuevo “inquilino” en casa, y que no es compatible con él; o que simplemente, ha optado por salir por la puerta hacia el jardín, alguna de las veces en que la tengo abierta.
De momento, estoy más tranquila, y además, contenta con la minina, pues es muy juguetona y limpita. Y hace, que desde la mañana, esté ya hablando con ella, y evitando pisarla pues se agarra a mi zapatilla y tengo que ir arrastrándola conmigo.
Me la regalaron el lunes, y enseguida nos hicimos amigas.
Ahora mismo, mientras escribo ésto, la tengo subida a mi zapatilla mordisqueándome el tobillo, y yo diciéndole que no que eso no se hace….. pero ella ni p—- caso. Sigue a la suya, como si estuviese preparando sus dientecillos y afilándose las uñas con mi zapatilla, por si acaso viera aparecerse al “roedor okupa”
las manzanas. Ya pensaré si pongo una cosa u otra. Pensándolo bien, ¿quién va a quitar luego al ratoncito muerto de la trampa….? Me da un poco de yu-yu, la verdad.
Así es que he llamado a una amiga, que el otro día me ofreción un gatito, y se lo rechazé, para decirle que si, que me lo quedo. El lunes iré a recogerlo, porque trabaja el finde u hasta ese día no tiene libre. Estoy esperando con ansia el momento, mientras, seguiré con el ojo avizor, y con el escobón a mano por si aparece.
Pero tengo una duda respecto al gato…. ¿No acabará haciéndose amigo de mi ocupa y luego en vez de tener uno no tendré dos….?
Si eso pasa, también os lo contaré.
¡Qué cruz, ésto de vivir en el campo! Tiene sus ventajas, pero también sus desventajas. A las hormigas, las arañas, los mosquitos y las moscas, se ha unido también un ratón.
¿Y yo digo que vivo sola? ¡Pero si tengo que estar luchando todo el día con el fixpray para eliminar a todos estos habitantes que vienen a hacerme compañía…! Y ahora, ésto…!
Nada se movió, ningún suido extraño salía de ninguna parte, así que pensé que quizá la imaginación me habría jugado una mala pasada. No es la primera vez que me había parecido ver una sombra que se movía por el pasillo. ¡Pero es que esta vez, me pareció muchísimo más real!
Apagué las luces, y volví al sofá a seguir viendo el programa de la tele.
Esta mañana, mientras preparaba las tostadas para tomar con el café, de detrás del frigorífico, le he visto. Se ha parado un momento y ha vuelto los ojillos hacia mi. Nos hemos quedado mirándonos, yo estupefacta, sin poder creérmelo, y él con un brillo de susto en sus ojos ratoniles, o ¿era de burla? No me ha dado tiempo a averiguarlo. Ha salido a toda carrera hacia la puerta y se ha perdido por el pasillo hacia el comedor, bueno hacia el comedor, o hacia cualquier otra habitación, porque no me ha dado tiempo a saber dónde se escondía. He vuelto a repetir la operación de busca y captura de la noche, pero sin resultados. La verdad es que la puerta de la calle, también estaba abierta, así es que, me he consolado pensando que podría haber salido corriendo escaleras abajo hacia el jardín.
Ahora estoy planeando una estrategia de dasolojo. No se si ir directamente a los chinos, a comprar esas trampas cazarratones, a las que se le pone un trocito de queso para que los animalitos al ir acomérselo, queden atrapados. Aunque me han dicho, que a los ratones no les gusta el queso, sino
sigue….
Anoche, mientras miraba la televisión, vi una pequeña sombra que corría por el pasillo, desde el comedor a la cocina. Suelo estar en la sala, tumbada en el sofa, viendo la tele, y la luz apagada. Solo dejo una pequeña lámpara de mesa prendida, para dar algo de claridad. Desde mi posición, diviso el largo pasillo que va desde aquí, hasta la cocina que está en el otro extremo de la casa. Junto a la sala , a mano derecha, está el comedor, y a la izquierda mi habitación. Las otras habitaciones se extiende por el pasillo, hasta llegar a la puerta de la calle y por último a la cocina.
Bueno, pues como decía, ví una sombra y en la penumbra de la casa, alcancé a divisar un pequeño bulto que corría a toda velocidad por una de las esquinas, para cruzarse rápidamente a la otra y perderse de mi vista. Al principio, mi mente no captó de qué podía tratarse, pero luego, por esa asociación de ideas por las que todos conocemos las cosas, comprendí que se trataba de un ratón.
Uyyy… pensé, un ratón! Como vivo sola, no merecía la pena dar un grito…. Total, nadie me iba a oir…!
Me levanté del sofá, encendí la luz, mejor dicho, encendí todas las luces, y me dediqué afanosamente a buscar al “ocupa” de mi vivienda. Miré por todos los rincones, habitación por habitación, haciendo ruído en los armarios y cajones, para ver si salí corriendo otra vez y lo podía cazar, dándole con el cepillo de barrer.
sigue…..
En un rincón de mi jardín, en la tapia, junto a los rosales, una enredadera teje su manto y cubre palmo a palmo la piedra gris. Los helechos la acompañan en su trabajo, y alguna que otra campanilla, lanza al aire sus filamentos con la intención de amarrarse a cualquier cosa que encuentre a su paso, sea piedra, rama o flor. Las tiernas ortigas, también quieren hacerse hueco entre esta maraña, pero a ellas no las dejo, y tampoco a esas pequeñas zarzas, que pugnan por ocupar un lugar en la pared. Me gusta ver la tapia cubierta de musgo, y de enredadera, y aún las campanillas y alguna que otra florecilla de colores, pero la maleza tengo que arrancarla de raiz, pues si no, enseguida lo invade todo y algo que puede resultar agradable a la vista, se convierte en un abandonado lugar, por el hecho de que zarzas, ortigas y otras malas hierbas, hagan presa en él.
A nuestro alrededor a menudo también crecen flores y malas hierbas. Es bueno dejar las flores pero una buena limpieza de zarzas y ortigas, es recomendable, aunque al arrancarlas sintamos que nos clavamos alguna espina, o nos escuece el alma por el líquido urticante que expelen a veces.
Me asomo al balcon, y el gato negro está en el pretil del puente.
Me imagino que, como yo, quiere comprobar que la amenaza de la noche no era tan grande como suponía.
Me mira fijamente y yo le miro a él. Ahora está tranquilo, relajado, nos reconocemos, nos vemos a menudo.
Se queda contemplándome un momento y luego, parsimoniosamene, estira su cuerpo, levanta la cola y se dispone a abandonar tranquilamente su lugar de observación.
Yo lo veo marchar, y la sensación de angustia que sentí a la noche, ha desaparecido. No me dan miedo los gatos, y éste yo nos conocemos hace tiempo.
Nos hemos mirado a la luz del día, y ahora sabe que no supongo una amenaza para él así es que no hay necesidad de defenderse, ni de emitir su maullido amenazante, aquél que me hizo poner los vellos de punta.
Y es que la Luz, hace ver las cosas de forma bien distinta a como lo hace la Oscuridad.
No me ha gustado la sensación.
No ha sido buena idea, mirar al gato esta noche. Los miedos ancestrales siguen escritos en nuestra piel, y en el momento menos adecuado, pueden salir a flote, haciéndonos sentir, que aún tememos la oscuridad, a pesar de las farolas encendidas en la calle, para que ésta no sea tan amenazante.
Tras el cristal de mi balcón, sobre el pretil del puente romano que hay frente a mi casa, estaba apostado un gato negro.
Su ojos, brillantes, me miraban fijamente. No se si por el miedo que le daba verme a estas altas horas de la noche, o porque estaba haciendo “guardia” en espera de otro gato, o gata, el caso es que, ha comenzado a maullar de esa forma especial en que lo hacen estos animales cuando quieren defenderse de algún peligro.
Y en verdad, no pude soportar ese maullido en la oscuridad de la noche.
Sentí como se le erizaba el pelo del lomo, mientras a mí, también se me ponían de punta los pelillos de los brazos, y una sensación angustiosa me iba entrando dentro.
Quizá mi cuerpo o mi mente, ha recordado en este momento, las largas noches oscuras en que los hombres primitivos, tenían que defenderse de animales grandes que les atacaban, en la soledad de la noche. O puede, que a estas horas de la madrugada, cuando no se distinguen los objetos, y el silencio lo llena todo, el sonido de defensa del gato, me ha parecido mucho más aterrador que si hubiese sucedido a la luz del día. O quizá, el gato me ha “contagiado” su miedo.
He tenido que entrar en la habitación, y cerrar el balcón para que él perdiese el miedo y su maullido no me erizase el cabello, como lo había hecho con su pelaje.
sigue……
Hoy no te encontré tras el cristal, pero se que estás ahí, oculto tras la pantalla, esperando que mis palabras lleguen a ti y hagan que tus sueños se conviertan en realidad.