Y es que a veces, nos metemos en unas rutinas que, año tras año, vamos repitiendo, y llega un momento en que te apetecen romperlas.
Aunque no tengo yo muy claro eso de que la acabe de romper del todo… me conozco bien. Y aunque no me doy cuenta, a veces cuando doy mi paseo, y veo el musgo, o algún helecho de estos pequeñitos, una flor bonita, o un acebo al que le han salido las bolitas rojas, me descubro pensando, en poner el musgo en el Belén, con sus helechos y sus piedras, con cascadas de agua y sus pastorcitos, adorando al Niño Jesús en el portal. O comprando unas ramas de acebo o un abeto, para ponerlo todo adornado con cintas o lucecitas, y buscando en los manzanos viejos, el muérdago que cada año coloco en el pasillo de mi casa, en un lugar estratégico, para que toda persona que entre, pase por debajo, y si quieren se besen debajo de él.
¡Ay..! sólo pensarlo, ya me empiezo a animar… Creo que este año, también volveré a repetir esta rutina… a pesar de que ahora no tengo muchas ganas. Ya os diré.
Nicol
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Tras los cristales de todos los escaparates han empezado a aparecer ya los artículos de Navidad. Cintas de colores, luces, figuritas de Nacimiento… y cómo no, los típicos dulces de estas fiestas. Para mí, el “cohete de salida” para poner el Nacimiento y preparar la casa con adornos y lucecitas, suele ser todos los años, desde hace bastantes, el fin de semana de lo que antiguamente se denominada el día de la madre, el 8 de diciembre, y que ahora, aunque sigue siendo festivo, coincide con la celebración de la fiesta de la constitución. Celebramos siempre en ese fin de semana, un cumpleaños de un familiar, y aprovechamos para reunirnos y los hermanos y ver en qué casa vamos a juntarnos ese año para estas fiestas. Discutimos sobre el menú (que al final casi siempre acaba siendo el mismo) y hacemos también lo del amigo invisible, ya sabéis, lo de los regalos, para que todos tengamos un detalle, sin tirar la casa por la ventana; sobre todo, este año, lo miraremos muy bien , por eso de la crisis.
Y viene todo esto a cuento, porque este año, como que no me siento muy motivada por esto de la Navidad. No sé, quizá me estoy volviendo “vieja” como a veces me dicen (espero que en broma) mis hijos y mis hermanos, pues soy la mayor. Yo creo que no, no me siento “vieja” en absoluto, a pesar de que ya no soy una niña, pero me encuentro bien y viva, muy viva, a pesar de los achaques que a estas edades tod@s o casi tod@s padecemos.
continua…..
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Buenas noches Haizea, un bonito pensamineto para irse a dormir y poner en práctica cada mañana con la voluntad de hacernos a nosotros mismos y a quienes nos rodean un lugar más acogedor y cálido.
Cuidate , un besito
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Cuando sientas soledad y una lágrima de tristeza resbale por tus mejillas.
Cuando creas que tus amig@s te han abandonado, y parezca que nadie en el mundo puede entender lo que te pasa.
Cuando en vez de recibir halagos, parabienes y sonrisas, sólo veas en los rostros de l@s demás, desprecio, burla o pena.
Cuando, en fin, sientas ganas de abandonarlo todo y volver a la tranquilidad de tu refugio, formado por multitud de conchas de coral que te protegen del exterior con su dura coraza….
En ese mismo momento, es el momento de parar, mirar dentro de ti, en silencio y SER TU.
Ser tu igual a l@s demás, porque tu también, en algún momento de tu vida, habrás hecho lo mismo que hoy te hacen a ti.
No hay que dar demasiada importancia a las cosas, todo se produce en su justa medida y en el momento adecuado.
Nicol
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No entiendo muchas cosas, y entre ellas está la del placer que sienten algunas personas en insultar porque sí, sin motivo. Puede que piensen que al hacerlo, ellas quedan al margen del insulto. No es así. El insulto al primero que hace daño es al que lo lanza. Lo tiene que elaborar, y mientras lo elabora, va haciendo su trabajo quedamente retroalimentándose. Si se conociese el verdadero poder de los pensamientos, quizá tendríamos mucho más cuidado a la hora de desear a alguien algo negativo, pues los pensamientos negativos al igual que los positivos, se convierten en un boomerang de ida y vuelta.
Deseemos siempre para los demás, lo que queremos para nosotr@s mismos.
Nicol
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Una canción me trae tu recuerdo
y te siento cerca
Tus brazos rodean mis hombros
y un soplo suave en mi frente
me habla de ti
¡es tan dulce tu sonrisa…!
Reflejado en el cristal veo tu rostro
pero tu no estás
solo siento tu presencia en mi.
Nicol
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Debo decir, que las dos tienen sus facultades mentales intactas, a pesar de la edad.
Confieso, que se me han llenado los ojos de lágrimas, porque la otra anciana ha mirado a su amiga con una sonrisa en la cara.
__Tú crees…?
Yo sí me lo creo, aún cuando no lleguen a primavera porque eso no se puede decir con seguridad. Pero es seguro, que cuando los árboles tenga de nuevo hojas, algo del alma de estas dos ancianas estará en ellas.
Nicol
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Hoy escuché una conversación entre dos ancianas, una de ochenta y ocho años y la otra de ochenta y cinco. La primera, mujer muy activa a su edad, hace dos meses más o menos, sufrió una operación sencilla, pero de la que le han quedado unas secuelas que no le permiten desenvolverse con toda la libertad a que está acostumbrada. La segunda, amiga suya, con achaques, algo de sordera, un poco coja, ha venido a visitarla. Intercambiaron sus quejas de enfermedad una a la otra, y en un determinado momento, la anciana de ochenta y cinco años, le dice a la otra:
__Mira, todo esto nos pasa, porque estamos en el invierno, y con este tiempo lluvioso y desapacible, nos salen a relucir todo nos duele. Espera que ya llegará la primavera y nos pondremos mejor.
__Tú crees? __ le dijo la otra.
__Desde luego! Tú no ves a los árboles, cómo se le caen las hojas? Quién sabe lo que les duele a las hojas caerse del árbol! Porque yo estoy segura de que les hace daño.
Pero luego, mira en primavera, cómo vuelven a nacer otra vez, y qué sanas están! Pues nosotras somos como las hojas de los árboles. En esta época nos duele todo, pero cuando llega la primavera, se nos pasan los dolores.
continua,,,,,
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Tras el cristal de la cafetería, te vi pasar con ella del brazo.
Ibas feliz, ella te dijo algo al oído, y tu te paraste la miraste a los ojos y la acercaste a tí, os disteis un abrazo cómplice.
Qué te decía, pensé yo. Ayer fuiste mío, hoy de ella, mañana quién sabe…! Mañana quizá estés solo y triste y te acordarás de mí.
Nicol
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Tras el cristal de mi ventana, se filtra la tenue luz del atardecer. Una luz mojada de lluvia y tristeza. El cielo está triste y llora continuamente, un llanto lento suave, pero que penetra la tierra empapándola hasta las entrañas. Las plantas de mi jardín, verdes con lágrimas colgando de sus hojas, inclinan mansamente su cabeza; el rosal florecido por los últimos rayos del sol de otoño, muestra sus rosas amarillas, plagadas de gotas de cristal líquido que titilan y caen al suelo cada vez que otra gota quiere posarse en ellas.
Yo también me contagio de esta melancolía, y siento que mi corazón está llorando. Llora con un llanto ahogado, suave, que me va llenando por dentro hasta llegar hasta lo más profundo de mi alma. Hoy no has venido, y la tarde pasa lentamente, llenando de soledad mis momentos más íntimos.
Amor mío ¡cuánto te echo de menos!
Nicol
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¿Que las necesidades del cuerpo aprietan y hay que satisfacerlas de algún modo? Pues ahí tenemos al amigo de toda la vida que aunque no es demasiado inteligente, está como un tren, y no encuentra pareja porque no hay quien le aguante cuando abre la boca para deciralgo, pero que para una necesidad del cuerpo nos sirve estupendamente; o el/la vecino del quinto que tampoco está mal, y que cada vez que subimos juntos en el ascensor no deja de quitarnos la vista de encima como queriendo adivinar algún atisbo de insinuación por nuestra parte.
Y la mente, a alimentarla con el superamor platónico que nos hemos agenciado en Internet, que nos espera cada noche tras el cristal de nuestra pantalla del ordenador, diciéndonos todas esas cosas tan bonitas y que tanto nos enamora y que a nuestro amigo o vecino ni siquiera se le ocurren decir cuando les invitamos a nuestra casa.
Y alguien puede preguntarse: ¿Y el corazón no opina nada en todo este asunto…?
Pues, yo también me lo pregunto, pero eso ya lo voy a dejar para otra historia; además tendré que preguntar a mi amor platónico, o a mi amigo cachas o quizá a mi vecino del quinto. Ya veré, y cuando yo me entere os los cuento ¿vale?
Nicol
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Puede que, después de que pasados algunos días, sigamos manteniendo su msn y volvamos a tener una relación virtual intensísima de intercambio de palabras de amor poesías y canciones románticas, pero nada de nuevas citas, ni siquiera se menciona la primera que tuvimos. O por el contrario, el desengaño ha sido tan grande, que lo borramos de nuestros contactos y se acabó nuestro amor por él/ella
Y es que queramos o no, el primer impacto visual y corporal, es el que más cuenta a la hora de buscar pareja. Y luego de este primer contacto y aceptación por nuestra parte física de la otra persona, entonces sí, viene el conocimiento interior. Y nos puede gustar más o menos, pero siempre mantenemos la esperanza de que podemos cambiarlo o amoldarlo a nuestra forma y así lo creemos, aunque a veces suceda todo lo contrario y es que somos nosotros los que nos amoldamos a él/ella.
Perp a pesar de todo lo dicho, yo sigo manteniendo que la magia de la comunicación por Internet es eso, mágica. Porque si estamos a gusto con una persona, nos decimos cosas bonitas, nos sentimos que nos quieren, intercambiamos poesías o canciones de amor…podemos estar en zapatillas y en pijama cómodamente sentados…. y si no nos gusta su cara la cambiamos por un actor o actriz de moda… ¡qué más queremos! Tenemos al perfecto amor platónico ese que siempre hemos deseado tener.
continúa……
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Y seguimos diciéndonos, lo que importa es su interior, pero ya dudando algo de que esta afirmación sea realmente cierta para nosotr@s, removiéndonos en la silla, algo incómod@s.
Y cuando está ya a nuestro lado, cuando el verdadero momento en el que la aproximación de otra persona, que invade nuestro espacio privado, tenemos que aceptar además de la mente que nos ha encandilado, el cuerpo que no nos gusta demasiado porque no coincide con lo que nuestra parte física quiere; el momento del abrazo o del beso, nuestro cuerpo se nos revela y dice que no. Que la mente puede decir misa, pero que él no quiere el cuerpo que ve, porque no conecta para nada con él y que no puede tener intimidad con algo que rechaza aunque le guste mucho su interior. Y ahí se acabó nuestra historia de amor virtual, que queríamos que fuese para toda la vida.
Comemos o cenamos o merendamos o tomamos un café, según hayamos quedado, nos damos un beso y un abrazo de despedida obligatorio y casi forzado, y nos decimos, que ya nos veremos otro día para ir al cine o a bailar, y cada uno pa su casa. O en el mejor de los casos, tenemos un escarceo sexual para cubrir las apariencias y terminar de quitarnos las ganas de estar con esta persona y adiós muy buenas.
continúa……
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Nos damos el teléfono para poder saber cómo suena nuestra voz, y acercar la relación, a un terreno más íntimo. Y ahí otra sorpresa. La voz dulce y suave que por sus frases de amor nos había parecido escuchar, resulta ser un gritito sorprendido a cada cosa que nosotr@s le decimos, o le cuesta articular correctamente aquellas mismas frases que en el ordenador podíamos leer seguiditas, o habla a gritos, o demasiado bajo… Bueno, nos decimos….”realmente yo me he enamorado de su interior, qué más da la voz que tenga”, y seguimos adelante. Después de algún tiempo de decirnos arrumacos por el teléfono, soportando de forma estoica una voz que no termina de agradarnos del todo, llega la auténtica prueba de fuego y nos citamos para conocernos en persona. Y quedamos en el sitio más romántico para celebrar nues primer encuentro.
Estamos nervios@s, expectantes, nos ponemos nuestra mejor ropa, bien duchadit@s y perfumadit@s y vamos a la cita. Le vemos llegar con un pantalón vaquero y unas bambas, cuando nosotr@s nos habíamos vestido de punta en blanco. Primer desajuste. Nuestra forma de elegir la ropa para el momento no corresponde con la suya, y seguimos diciendo, “bueno lo que importa es el interior”. Realmente es más bajit@ de lo que parecía en la foto, esta muy espigad@, o mas rellenit@ de lo que nos esperábamos. Se acerca y nos llegan los efluvios del perfume y fruncimos la nariz: Por Dios ¿de dónde habrá sacado esa colonia? ¡Parece que se hubiese bañado en ella!
continúa…..
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