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Estoy más bien resignado. A 78 años, es muy poco tiempo el que me queda para enderezar algo o rehacerlo con mejores bases. En todo caso, me he batido con furia para salir adelante y preservar a los míos. No anhelo grandes cosas, y me desahogo soñando cosas prodigiosas a sabiendas de que todo eso es fantasía, para pasar lo mejor posible algunos momentos de depresión. No hice aquello para lo que me sentía llamado, y ahora que dispongo de tiempo para trabajar en ese sentido, es la salud y los años que llevo encima que me impiden lanzarme a trabajos sin futuro. Tengo poquísimas satisfacciones, y casi clandestinas, como conversaciones personales por Internet, sin nada malo, pero aún trato de escabullirme del control constante proveniente de mi medio familiar. Así, cuando me llegue la hora de partir, lo haré sin dificultad, fatigado de tanta monotonía y falta de horizontes.
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