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Me alegro del camino andado, asumo mis contradicciones.
Siento que debo saludar a la joven que fui con cariño,
pero dejarla a un lado porque ahora me estorba.
Su mundo de ilusiones y fantasía, ya no me interesa:
¡Qué bien vivir sin la obsesión de la perfección!
¡Qué bien no sentir ese desasosiego permanente que produce correr tras los sueños!
“La vida es tan corta y el oficio de vivirla es tan difícil, que cuando uno comienza a aprenderlo, ya hay que morirse.”
UNA MUJER SABIA ACEPTA ESO
Y MUCHO MÁS…
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