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POR LOS CAMINOS DEL CALDERICO
Cuando el sol declina por occidente, con su rojo turbante, me gusta ascender poco a poco y por sendas diferentes. La luz se dispersa lentamente hacia otras latitudes, y todo se envuelve en delicado y sutil vuelo que hace más interesante su opacidad. Cada senda explorada es una sorpresa con encantos nuevos. La noche acentúa el sonido y el más leve se percibe con claridad y se expresa con voz personal que hace fácil su identificación. La hierba se queja con fragancia inédita y cruje debilmente al ser hollada para recobrar su primitiva posición con paciencia infinita.—
Cada cardo saluda con su erizada flor, y su caricia excitante olvida la dolorosa punzada, cual si quisiese quedar prendido en uno mismo para
correr una aventura hacia lo desconocido. Cada hondanada produce un arrebato por el que que los pies se precipitan con más rapidez que laq deseada, sin que la voluntad sirva de freno.
. Un canto rodado es un disparo al azar por el rifle de la sorpresa. La fragua de la respiración absorta y se limita a cumplir su misión como autómata suspiro con la fragancia incólume, menos audible. Cada pedrusco parece bestia que acecha a la noche, y cada instante en la adición de la placidez en amalgama con el delite, que espolea el ánimo con singular acento. Y la noche avanza por laderas desconocidas mientras la marcha continúa.
En el lomo de la altura, que parece un esqueleto fosilizado de un gigante, hay vértebras que quieren desprenderse al impulso del viento, y exhalan la fragancia del asombro de la tierra húmeda. Más allá, el horizonte velado por la sombra, es tan próximo que deseo tomarlo con la mano y en sus alas mew esfuerzo en conseguirlo. ¿cómo puede el cansancio hacer mella en el ánimo?
Maxi…………… continuará
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